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Les voy a contar la historia de un perrito llamado Patrick, por qué el título habla de crueldad y de milagros, porque a veces en la vida, estamos sumergidos en un pozo de todo lo malo que existe en el mundo, pero también, es cierto, que a veces en la vida, aparecen personas, oportunidades, ilusiones, que nos hacen creer en que los milagros existen.

HOLA YO SOY PATRICK


Éste perrito, tuvo la desgracia de que en el camino de su vida, se cruzara con un monstruo.
Ese monstruo fue su dueño, hasta que decidió matarlo, un día vaya a saber uno por qué, ató a su perro, a unas barandas, y lo dejó sin comida y agua durante una semana.
Posteriormente, tomó una bolsa para la basura, puso a su perro dentro, lo que quedaba de él, puros huesos y lo tiró a un contenedor.


La gente que pasaba por allí, escuchaba ruidos, que venían del contenedor y se encontraron con éste panorama tétrico, algo que parecía un perro, agonizando.
Minutos después venía el camión que se lleva toda la basura del contenedor, así que se salvó de ser aplastado.
Llamaron a una veterinaria de New Jersey, para que lo puedan rescatar y así lo hicieron.


El grupo de veterinarios y colaboradores, al verlo, con apenas 8 kg de huesos y piel, y revisarlo, sabían que no tendría chances de seguir viviendo, más allá de la noche, no pasaría.
Pero la pasó, su temperatura corporal era tan baja, que el termómetro no la podía medir, siguieron dandole todo tipo de cuidados, medicamentos, estudios, y le pusieron un nombre, Patrick, porque era el día de San Patricio.
La debilidad del perro era tal, que ellos sabían que estaban haciendo lo que podían, pero no tenían garantías de poder salvarlo.
Pero pasó una segunda noche, todos se acercaban al pobre perrito, mientras él se mostraba con miedo, hacia los humanos, claro, con la miseria humana que se encontró, su anterior dueño, desconfiaba de todos.


Todos apostaban, cuánto duraría, si tendría chances, y lo operaron, para sacarle una bola de pelo, que tenía en su estómago.
A pesar de todo lo que le hacían, Patrick, les devolvía amor, porque con cada intento de los profesionales, él se sentía mejor.


Y así de a poco, se fue ganando el cariño de todos los trabajadores de la veterinaria, le donaban juguetes, ropita, comida, y le daban amor, además de los cuidados médicos.


Cuando pudo pararse, comenzaron a sacarlo al parque para que caminara, era un esqueleto, y seguía mostrandose desconfiado.


El tiempo pasaba, y Patrick mejoraba, fue ganando peso, el pelo le crecía más lindo, estaba abrigadito, y rodeado de amor.  Pero en la veterinaria no podía quedarse para siempre... además ellos aseguraban que era un buen perro, dócil y juguetón.


Atrás quedaron los peores momentos, aquellos donde la incertidumbre con la muerte rondando, era reemplazada por la esperanza de vida.
Una de las contadoras, de la veterinaria, se ofreció a adoptarlo, y darle un hogar, ese hogar que hasta su agonía no conocía.
Comenzó a adaptarse perfectamente, a su nueva vida, junto a Patricia, quien asegura que es el perro más bueno y dulce que haya tenido.


Lo disfraza, juegan, lo mima con regalitos, le armó un rincón con una hermosa colchoneta con su nombre, ropa nueva, y juguetes.
Y se convirtió en un robusto perro color marrón chocolate, que pesa ya 22,5 kg, fuerte, pero si observamos su mirada, calma y pensativa, podremos percibir su sensibilidad.


Por eso la historia de Patrick, pasó de la mayor crueldad al más grande de los milagros, el amor. 


Reflejos Femeninos
A.M
Fuente: Huffington Post / circoviral.com

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