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A veces en la vida uno encuentra a otro que puede expresar tan fácilmente, quizás, lo que uno piensa en parte y no puede o no se atreve a decir...

En el mundo de internet, hay un sinfín de temas pululando que llaman mi atención, tal vez de a ratos, como algo pasajero, pero cada tanto me sorprendo, con algunas situaciones o hechos que me arrancan emociones desde muy adentro mío...

A través de una firma muy conocida de ropa para talles grandes, que tengo el agrado de haber compartido con mis seguidoras gorditas, llegué a ésta chica, llamada Ana.

Ana Reichenbach, tiene 33 años, es actriz, modelo plussize, docente en teatro (UNA), concibe el arte como un medio para accionar sobre el mundo, cuestionando los estereotipos instalados en nuestra sociedad, sobre la salud, la moda y la belleza.

Uno de los tantos pensamiento de Ana:

Si vos pensás que la sensualidad tiene un talle, 
ponele el que quieras...
Si vas a encorsetar mi deseo no te van a alcanzar ni las X ni las L.

A lo largo de su vida a pasado por mucho, una de las lamentables experiencias es el haber tenido cáncer, eso la llevó a escribir una carta, yo la llamo "carta catarsis", porque es como si un día no aguantó más y necesitó decir todo lo que dijo, de la manera que quiso...

Les presento a una sobreviviente más...



Acerca de un cáncer peludo.

ANA REICHENBACH·JUEVES, 3 DE MARZO DE 2016





De chiquita fui gorda.

De adolescente fui gorda.

De joven soy gorda.

Y no importa cuánto pese mi cuerpo, siempre seré gorda.

Desde ese lugar que rápidamente asumí y que va más allá de mi 

exceso de peso (porque ser gordx en esta sociedad, no es sólo 
ser gordx: es ser poco deseable, es ser olorosx, es ser torpe, 
es ser desalineadx), desde ese señalamiento que hemos padecido 
todos los que hemos sido alguna vez gordos, edifiqué una 
relación con mi cuerpo contradictoria, inestable, desequilibrada, intensa y de autoflagelo, de lucha y aceptación, de odio y amor profundo.

No creo que estos sentimientos sean privativos de las personas gordas pero si considero que en mí la gordura generó un camino 

de concientización difícil de evadir.

Ser gordo te hace pensar acerca del ESPACIO que ocupás, y te 

hace ver cómo a veces ese lugar te deja afuera. Esa distancia, 
el aislamiento, y muchas veces la soledad, habilitan el 
ejercicio de la reflexión.

Es por eso que:
-todas las veces que quedé fuera del jean que me gustaba: lloré

 y pensé.
-todas las veces que quedé fuera del equipo de cestoball del secundario: lloré y pensé.
-todas las veces que quedé fuera de una fiesta: lloré y pensé...
(podría enumerar mil situaciones, lugares, objetos, personas a 

las que no llegué por ser gorda).

Me costó más de veinte años articular el PENSAR con el ACTUAR.

Por mucho tiempo me pregunté si estaba loca, pero elegí ser 

actriz, enseñar teatro, cantar y bailar. Necesité habilitar mi cuerpo, habilitarlo, darle entidad, poder expresar algo a partir 
de él.
SENTIR.

El mote GORDX pesa y me pesa porque, como expresé, pesa todo lo 

que se edifica arriba del término.

¿Cuál es el pesar? 

Es el "a pesar"

EJEMPLOS:
a pesar de ser gorda, sos muy sexy
a pesar de ser gorda, sos deseable
a pesar de ser gorda, sos hermosa
a pesar de ser gorda, sos hábil
a pesar de ser gorda, sos ágil.

Para el común de la gente siempre fui:

linda pero gorda
buena pero gorda
armoniosa pero gorda
inteligente pero gorda
buena bailarina pero gorda
excelente alumna pero gorda
talentosa actriz pero gorda

PERO no culpo a nadie, ni a uds., ni a ellos, ni a mí...

El cuerpo está inhabilitado, el mío y el tuyo. El nuestro.

Hay una maquinaria nefasta asociada al consumo, a la salud, a 

la repetición de modelos que nos alejan de quienes somos, de 
nuestra particularidad y esencia. Nos desarticulan el sentir. 
Y somos seres escindidos, quebrados. 

No digo nada nuevo, pero necesito decir. 

Recién hace unos años me di cuenta de la violencia que había 

sufrido durante décadas.

En 2014 me recuperé finalmente de un Linfoma de Hodgkin (un 

tipo de cáncer) que me tuvo un año en una especie de retiro EGO. 

Experiencias así te vuelven mil veces sobre vos.

(Mucha gente me dice: no digas que tuviste cáncer, a ver si no 

te contratan en los laburos, a ver si no...

A pesar del cáncer, podría ser el título de otra nota.)

El cáncer no tiene nada de las campañas fucsias o violetas que intentan prevenirlo, ni de las imágenes conciliadoras que llaman

 a que luchemos contra él. Como la obesidad, el sobrepeso, la bulimia, la moda, la tele: el cáncer es un negocio.
Es un negocio violento, un negocio con los cuerpos, un 
silenciador de sentidos.
Podría describir mil prácticas tremendas y cientos de palabras 

y silencios cruentos que los médicos lanzaron sobre mí...Quizás algún día lo haga, ya veré.
Mientras me trataban con métodos que hoy, tres años después, 

no recomendaría ni a mi peor enemigo, me di cuenta de algo muy profundo: ninguna práctica me causaba dolor. Muchas me causaban miedo, pero ninguna dolor.
Mi cuerpo de alguna manera estaba preparado para resistir la violencia, para acatarla, para aceptarla calladamente en el 

rincón. La aguja gigante que me penetraba hasta el hueso no 
había podido ser más hiriente que algunas palabras que mi carne, 
mi piel y mi ser entero habían resistido a lo largo de los años.
Tanta agresión, tanta violencia, tanta.

Mi gordura me había dado algunas armas, pero el cáncer fue 

quien terminó de parir a la guerrera. Y la pelea no fue contra
 la enfermedad sino que fue una lucha interna. 

Y volví a llorar, mucho. Y me odié por haberle deseado tantas 

cosas feas a mi cuerpo grande y hermoso. Por no haberme dado 
cuenta de lo poderosa que era.

Entonces me amé. Me amé inflada, medicada, preocupada, llena de corticoides, agujereada, manipulada.

Me maquillé para cada sesión de quimioterapia, busqué la ropa 

que más me gustaba, caminé por los pasillos del hospital 
sintiéndome bella. Celebré la magnitud de mi vida y la sabiduría
 de mi cuerpo grande, rollizo, curvilíneo.

A mucha gente le jode que seas hermosa estando enferma. 

A mucha gente le jode que seas hermosa si sos distinta al patrón

 a seguir.

Entonces si estás enfermo debés sufrir...
Si sos flaca tenés que gustar...
Si sos gorda tenés que desaparecer...

Yo no soy un talle, ni una historia clínica.

No soy un objeto para ubicar dentro o fuera de este círculo.

No puedo encorsetarme en un término que no describe lo que soy 

si no lo que quieren que sea.

Mi cáncer no me hizo perder ni un pelo (pese a que me vaticinaron que de toda mi melena no iba a sobrevivir nada).

Mi cáncer no me hizo perder ni un kilo (pese a que me vaticinaron vómitos, asco, inapetencia).

Mi cáncer me hizo perder el miedo a ser yo misma.

Y aunque hoy se lo haya tenido que repetir varias veces a la 

figura que aparece en el espejo y aunque muchas veces aún me encuentre llorando y duelan más profundo las palabras, los 
insultos, las cargadas que las cicatrices de mi piel ajada, me celebro. 

Celebro mi cáncer peludo.

Celebro mi cuerpo relleno.





Reflejos Femeninos
A.M
Fuente: Ana Reichenbach





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